Cultura
EDITORIAL – Conclusiones de la Feria de Abril

por José Carlos Arévalo
José María Garzón, debut triunfal
Hace años, cuando los Camará llevaban Valencia, su plaza tomaba el pulso al torero, daba las primeras pistas de cómo se encontraban las figuras al comenzar el año taurino. Los Lozano fueron los últimos empresarios que conservaron dicha misión en la capital levantina. Hoy la ha recuperado José María Garzón para la ciudad del Betis. En la Maestranza se ha visto cómo está la primera fila, sus valores permanentes, los que ya no conservan su sitio y los que merecen acceder a las primeras posiciones.
Con respecto al toro, si el inesperado buen estado de las corridas es mérito que corresponde al ganadero, debido al lluvioso invierno, que ha impedido una nutrición y una. preparación normalizada, es de suponer el buen entendimiento entre ganaderos y empresa, dado el alto nivel ofrecido casi todas las tardes. Además, no cabe duda de que la recuperación de la Venta de Antequera, donde los toros se han repuesto del estrés, han descansado, bebido y comido, lo que demuestra el paso adelante dado por la Fiesta en Sevilla.
Pero el éxito más importante de Garzón ha sido la respuesta de la afición a su primera feria: ocho llenos de “no hay billetes”, dos buenas entradas y un lleno lo declaran como un gran triunfador de la Feria de Abril. Procede otorgárselo a este actor decisivo en los entre bastidores de la Fiesta porque su concepto de la gestión contrasta con la pasividad general de su gremio ante determinantes problemas de la tauromaquia, como la impune campaña animalista, la ausencia de una política de comunicación del sector taurino, la responsabilidad del oligopolio empresarial en la práctica desaparición del apoderado, el conformismo gremial ante los absurdos pliegos adjudicatarios de las plazas, así como el mediocre uso de la libertad de gestión que ha regalado al empresariola desaparición en la Fiesta de la opinión pública y lapublicada. En este sentido, el positivo trabajo del joven empresario en importantes plazas de segunda y primera categoría se ha visto reafirmado con la gestión de la plaza de Sevilla. Y su éxito es incuestionable.Sabido es que de la brillantez de una corrida son responsables los toreros y el ganadero, pero del éxito de una feria el responsable es el empresario.´
Morante, Luque y otros toreros
Por ejemplo, si te preguntan qué es lo más importante de lo sucedido en la Feria de Sevilla y respondes que Daniel Luque, la gente piensa que te lo montas de original. Y te recuerdan la actuación de Morante o la de Roca Rey, ambas epilogadas con dos cornadas. Y reconoces lo francamente bien que han estado, y te inclinas ante el arte del cigarrero y la impactante verdad del limeño. Pero inmediatamente apuntillas los sinceros y respectivos elogios con una llamada al orden: Porque el toreo más importante – ojo no el mejor. Este lo ha hecho Morante, que toreó de ensueño con la capa, la muleta y mató con una pureza casi irreal. Sin embargo, lo de Daniel Luque fue tan importante o más. Porque su último toro de la feria era serio, de un peligro enigmático y fuerte, cada embestida una incógnita, la promesa de una cornada seca. Pero el torero, concentrado, metido dentro del toro, le ganaba la acción-. Y los pases hervían de mando, pero no eran dramáticos, se desplegaban con la elegancia de quien torea más allá del bien y del mal. Y sin embargo, todo esto lo dices con temor, porque no lo sabes explicar. No sabes por qué un toro que no humilla, de pronto en su muleta humilla, por qué una embestida corta se hace larga, por qué obedece un toro que quiere coger. Y descubres que no sabes de toros, que no entiendes las claves técnicas del toreo de Daniel Luque. Tan solo sabes que con un toro que olía a cloroformo, el de Gerena ha toreado de ensueño.
Pero entonces te preguntas, ¿por qué la presidenta solo le dio una oreja tras la inexplicable y milagrosa faena a su último toro de la feria? Y te olvidas de Luque y te interesaría saber por qué los presidentes de la Maestranza han concedido una oreja a faenas de dos. Y sigues, dale que dale, en lo tuyo: todo está muy bien, la pluralidad de criterios, reconocer que la verdad de uno no se debe imponer a la verdad de otros. Que sí, que Sevilla tiene una gran afición, aunque a veces prefiera lo bonito a lo bello. Que Morante es un genio y tampoco lo respeta el palco y también le robaron una oreja después de una actuación colosal. Que Roca Rey es un maestro y un líder, pero tiene que traspasar la raya prohibida para que se lo reconozcan. Que la naturalidad de Aguado es la de un Bienvenida más sevillano. Que David de Miranda es el más valiente de todos los valientes. Que Borja Jiménez le hace el toreo lo mismo a un “victorino” que a un “juanpedro” y que sus ansias por ser gente no devalúan su toreo. Que Talavante hizo un toreo bellísimo dentro de una faena perfecta y solo le dieron una oreja, Que Juan Ortega, sin suerte, torea como los ángeles. Que a El Cid, autor de una gran faena, le robaron una oreja porque sí. Que Escribano y Moral se van a porta gayola como quien se baja a tomar un café…Pero en esta gran feria de abril, plena de toreo y cicatera en trofeos, quien más me ha llegado ha sido Daniel Luque. Y no se hable más.
Y Urdiales y Fortes, ¿solo para cabales?
Quizá habría que abolir las orejas. Seguro que entonces se jerarquizara mejor a los toreros. Por ejemplo, Urdiales y Fortes estarían en los primeros puestos, según la valoración del aficionado. Pues entre el buen toreo visto en la Maestranza destacan los sublimes naturales de Fortes y los hondos, elegantes, largos derechazos de Urdiales. ¿El toreo del malagueño y del riojano puede ser mejorado por cualquiera de los espadas acartelados en la Feria? Mosquea hacerse la pregunta en Sevilla.
El toro de Sevilla
La raza del toro de lidia es la de un bovino de tamaño medio tirando a pequeño. Pero, intervenida por el hombre, su fenotipo evolucionó a medida que convertía su innata agresividad en bravura, O sea, que conseguía transformar su acometida en embestida. Y a la par que este proceso psíquico de origen genotípico, la morfología del toro fue cambiando. O sea, que la bravura modeló al toro. Lo hizo más armónico, más bello, más atlético y el aficionado relacionó su hermosura física con su bravura psíquica. Por eso, el toro decimonónico, semi bravo, es a nuestros ojos más feo que el toro bravo de hoy. A la pintura y a la fotografía me remito.
El toro ha sido, pues, modificado por la lidia. Por eso, es muy distinta la manera de evaluar su trapío por el aficionado que por quien no ha visto un toro en el ruedo. Siempre me ha extrañado oir ¡qué bonito! cuando alguien se refiere a un toro hecho cuesta arriba y más cornalón que veleto y siempre he comprobado que no había visto una corrida en su vida. Viene esto a cuento de lo bien presentadas las corridas en Sevilla. Serias, por lo general, bien hermanadas de hechuras y romana, con defensas notables pero armónicas. Han promediado un buen juego. Algunas, como las de Álvaro Núñez y Juan Pedro Domecq, con brava voluntad y poco fuelle, como si la genética hubiera superado al manejo. La de Matilla ha sido la más brava y enclasada; la de El Parralejo, muy brava y encastada; la de Victorino Martín, brava, encastada y con clase; la de la Quinta, con mucho que torear y más en Albaserrada que en Santacoloma. Y la de Santiago Domecq, un paradigma, el anuncio de la bravura del futuro, con fondo para dar juego en los tres tercios, brava, noble y encastada, con trapío grande y tamaño medio, como corresponde a la raza de lidia. Por lo común, reseñado por trapío, nota y hechuras, el toro ha sido un regalo para el aficionado.
El público
En Sevilla no hay públicos sino público. Jalea el toreo con dos voces, corea con un “bieeén” arrastrado el buen toreo y exclama el “ole” cuando el toreo es mejor que bueno. Sigue la lidia en silencio porque la ve, la entiende y la juzga. A veces es demasiado comprensivo con algunos toreros y demasiado intolerante con otros. Lo entiendo pero no lo comparto. Matiza con maestria las corridas medias, ni triunfales ni aburridas. Y a veces se pone demasiado tisquismiqui con el toreo bueno. Pero la complicidad coral de su público es inigualable. Por algo en el ruedo de la Maestranza de Sevilla se legisló el toreo a pie. Congratulémonos, este año la gente ha salido de la plaza satisfecha casi todas las tardes.