Cultura
LA HOJA DEL LUNES – San Isidro (V)

por José Carlos Arévalo.
Las Ventas, 2 de junio
Cuando cambia el toro, todo lo cambia
Unos dicen que se mataron dos toros de Lagunajanda, la ganadería anunciada; otros, que se pelearon los toros en los corrales; y se dijo, no sé quién, que la corrida no tenía trapío para Madrid. Vayan ustedes a saber. Mis referencias eran que se trataba de una señora corrida, cuajada y con hechuras. Cuando no hay luz ni taquígrafos todos los inventos valen. Me consoló que la sustituyera un lote de Montalvo, una ganadería que me encanta. Pero pensé que “Linejo” este invierno ha sido un lago. Desde luego, los toros tenían volumen, kilos y cuatro eran cinqueños. ¿Pero estaban preparados el 2 de junio, para olvidar el mar de agua invernal que habían padecido o su puesta a punto estaba prevista para el día 30, cuando estaban anunciados? Dos fueron sustituidos por uno de Casa de los Toreros, bravo y con clase, y otro por un torancón de Bohórquez, un autobús inglés de dos pisos, noble y sin estilo. Y como los cuatro Montalvo eran bravos, vimos una trepidante e interesante corrida de toros seguida con adhesión e indolencia por un gentío bueno aunque poco receptivo y las eternas, pesadísimas protestas del 7. Madrid no tiene público, sino públicos.
El del 2 de junio se divirtió, pero no sintió. Se divirtió porque los toreros se fueron, los tres, a porta gayola, hicieron quites, todos los quites, Israel Martín puso banderillas muy bien. A los del 7 no les gustó, ellos sabrán por qué, Pareó como Iván García, que les gusta, pero éste, no. Curioso. El resto siguió divirtiéndose toda la tarde. Extraño, pues los tres diestros se jugaron la vida sin cuento. Y torearon de verdad sin que el toreo emocionara. Sorprendente, el toreo emociona o decepciona pero nunca es divertido. Y siguieron las sorpresas: los toreros mataron bien, y cuando pincharon, pocas veces, fueron excelentes pinchazos, que hoy no se valoran. Los tres debieron cortar oreja. Pero solo lo consiguió José Garrido. Israel Martín se fue, injustamente, de vacío, consolado por dos vueltas al ruedo. Y Samuel Navalón, que es muy buen torero y estuvo francamente bien, ni eso.
Párrafo aparte merece José Garrido, uno de los grandes capoteros del toreo actual. Y en la tarde de marras, un excelente muletero y un seguro matador. Tiene sello de torero antiguo, un arte recio, de buena casta torera, no influido por los artistas de moda, los valientes de moda y los triunfadores de moda. Cuando esta tarde toreaba en Madrid, Las Ventas recobró su viejo y cabal aroma.
Por cierto, ¿qué es lo que ha cambiado en el toreo? Ha cambiado el toro. Y cuando el toro cambia, cambia el toreo y, sobre todo, cambia el público. El toro de hoy ha rebajado la emoción que provocaban las menos previsibles y más rápidas embestidas del toro de ayer. Pérdida de emoción que ha tratado de resolver un torode mayor tamaño, más edad y unos cuernos más grandes.
Por desgracia, la lidia actual no ha gestionado bien esta nueva emoción basada en los cuernos y en los kilos. Además sucedió que el toro, más bravo y se autodestruia por su notable entrega en la suerte de varas, hoy muy desequilibrada en su contra. El caballo de picar ha de ser superior al del toro, pero lo es en demasía; el peto ha de ser eficaz, pero no duro como de piedra; el estribo del picador, que debe proteger su pierna derecha, no debe lesionar la frente y/o los ojos del toro; y la puya, menos agresiva cuando el caballo pesaba mucho menos y los petos eran de borra, ha tornado en útil destructivo. Su obsoleto diseño aniquila la bravura, provoca heridas paralizadoras, acaba con el toro más bravo y poderoso.
Por fortuna, la actuación de los picadores durante la Feria está siendo prudente y meritoria. No obstante, sorprende el silencio y la pasividad reglamentaria ante una cuestión de tanta importancia para la brillantez y ética de la lidia.
Y por último: ¿Tiene algo que ver lo comentado sobre la corrida del día 2 con los párrafos que acabo de redactar? Todo.
Nota: Las varas de picar se quiebran. No una vez, sino varias. Y a más de un picador. Las banderillas se caen después de clavadas. Y no una vez, sino varias veces. Y yo le pregunto al Puyero, ¿puyas montadas en varas resecas para picar en Madrid? Y yo le pregunto al Puyero, ¿banderillas recicladas para San Isidro?
Las Ventas, 4 de junio
“El toro de Madrid”, una cosa de locos
Salió al ruedo como un obús. Era el toro “Lacerado”, nº 93, negro, de buenas hechuras, con 543 kilos y cinqueño. Antes de aprender a embestir se comió los capotes, pero respondió a los toques. O sea, era bravo, no arrollaba. Sin embargo, tenía tres defectos para la plaza de Madrid: Uno, era fino de cabos; dos, estaba bien armado, pero no era cornalón; y tres, pertenecía a la ganadería de Jandilla (que como saben bien los toristas tiene el defecto de embestir). Fue protestado por el 7 durante el primer tercio. En banderillas enmudecieron, porque embestía como una bala pero en rectitud, y obedecía al bregador. Con la muleta fueindomeñable mientras Emilio de Justo lo toreó amedia altura, pero cuando le bajó la mano hizo el avión, obedeció con fijeza, bravura, clase, casta y largura indecibles. Pero a su matador se le fue enterito. La ovación en el arrastre, atronadora. ¿Por qué no le dieron la vuelta al ruedo? ¿Por qué pasan estas cosas en Madrid con las ganaderías bravas de verdad? Hace un par de años se rechazó en el reconocimiento un toro de Santiago Domecq por falta de trapío. Lo cierto es que era bajo, muy pegado al suelo. ¿Desde cuándo esto es una merma del toro de lidia? Además, era muy fornido, con una estampa impresionante. Tres meses después se lidió en Dax y le dieron la vuelta al ruedo.
Al primero de la tarde del pasado jueves, ensabanado, también de Jandilla y también bravo, muy bravo, le chorreaba la clase. No lo protestaron porque pesaba 591 kilos y tenía los cuernos más grandes. Por eso abrió plaza, para empezar la fiesta en paz. Fue muy ovacionado en el arrastre y a Emilio de Justo se le fue enterito.
El sexto toro, de Santiago Domecq, era grande. Y alto, muy alto. Y, a mi parecer, feo, muy feo. Tres características que le valen la aprobación del cónclave madrileño. Rectifico. Me refiero a la minoría vocinglera, vanidosa, prepotente. Rectifico, hablo de la minoría exigente, defensora de sus derechos e inasequible al desaliento: el venerable tendido 7, y, ahora, sus alevines de los tendidos 6, 5 y 4, que les enmiendan la plana. No representan, a plaza llena, ni un quinto del aforo, pero son la opinión de la plaza, la que imprime carácter a Las Ventas, su imagen de marca. Y sin embargo, la mayoría es otra. Está compuesta por espectadores ocasionales, generalmente forasteros y una gran masa de buenos aficionados, que de hecho es la gran mayoría de la plaza, gente que va a los toros a ver torear pero no a guerrear. En consecuencia, el 7 y sus alevines son el público de Madrid al que temen los políticos que se ocupan de la cuestión taurina, al que defienden servilmente los equipos veterinarios en la aprobación o rechazo en los reconocimientos, al que obedece, aunque no lo confiese, la empresa y al que los periodistas taurinos solo critican con la boca pequeña y en privado. Y ahora viene lo bueno. Y aquí no rectifico. El problema, el gran problema de la plaza de Madrid no es la tronante sinceridad de los aficionados del 7 y de sus alevines, sino que ninguno de ellos tiene ni idea de lo que es el toro de lidia, ni sabe lo que es el toreo.
¿Por qué no se lidió entera la corrida de Jandilla? ¿Por falta de trapío en dos toros?
A mi que no me tomen el pelo ni los equipos veterinarios, ni los presidentes. Y, sobre todo, ¿a quién beneficia no aprobar toros absolutamente reglamentarios, por edad, romana e integridad física? ¿Y por qué el actual Reglamento introdujo una anómala cláusula que otorga a las autoridades de la corrida aprobar o rechazar un toro según una decisiónsubjetiva, como lo es la que evalúa el trapío? Cuando la ley se arroga la subjetividad deja de ser justa.
En resumen, Jandilla lidió cuatro toros. Dos, excepcionales; dos, vulgares; y dos se fueron a casa… ¿para que no se enfadasen demasiado los toristas?
Dos toreros no estuvieron a la altura de sus toros, Emilio de Justo y Borja Jiménez. Sinceramente pienso que el viento no se lo permitió. No son paños calientes. Así lo ví y lo sentí. Pero el tercero de la terna, Víctor Hernández…
El torero, paradigma del héroe
Víctor Hernández vino a triunfar. Con toros bravos y nobles. O con toros innobles, de genio defensivo. En medio de un viento huracanado o con el aire calmado. Malo para un joven diestro con un arte tan hondo. Porque sorteó dos toros desalmados, con olor a muerte. Pero el héroe lo es porque lucha por su causa hasta la muerte. Y la muerte está por debajo de lo que el héroe se ha propuesto hacer. El toro “Versado” era negro como las tinieblas, un portavoz del infierno. Alto, muy alto. Y cornalón. Feo de hechuras, no tenía el porte gallardo del toro bravo. Era un toro de estampa vampírica, un toro infame que no quería embestir sino hacer sangre. En el primer lance de Víctor, “Versado” lo empaló y lanzó a los cielos y en el suelo lo corneó con saña. Y si tras tan increíbles tarascadas no lo corneó en ninguna solo pudo ser porque Dios no quiso. Y eso no lo pueden negar ni los que no creen en Dios. Pero como Dios es una creencia y no una evidencia, la plaza, la plaza seguía aterrorizada cuando al inicio de la faena de muleta. el malvado ”Versado” volvió cogerlo todavía con mayor furia, pues lo prendió en sus cuernos zarandeándolo durante una larga carrerasemejante a la del toro que mató a Curro Guillén en la plaza de Ronda. Pero si a éste no lo pudo salvar Juan León ni tirándose a los cuernos del toro asesino, en Madrid las cuadrillas en pleno acudieron al quite mientras el indomable “Versado” corneaba inútilmente con sus tremendos pitones y le quitaron del toro. Pero Víctor, la taleguilla rota, el chaleco roto, la chaquetilla destrozada, salió indemne… solo porque Dios lo quiso. Y como todos los héroes, digo yo, deben creer en Dios, el torero volvió al terrible cornudo y lo toreó como si fuera bueno, como si fuera bravo, como si quisiera embestir. Lo que el funo cabrón no hacía. Pero sí el joven héroe, que ponía tanta verdad en el engaño que lo engañó y, sin quererlo, la muerte embistió. Solo unas pocas veces. Y brotaron entonces unos naturales infernales, por culpa del toro, y angélicos, gracias al joven torero. Loado sea Dios.
Las Ventas, 5 de junio
Torería y grandeza en la corrida torista de Juan Pedro Domecq
Miren ustedes por donde, la segunda corrida lidiada por Juan Pedro Domecq este San Isidro fue la más torista de la feria. Pero como nadie se lo esperaba, y lostoros no tenían ni más ni menos cuernos y arrobas que las corridas del ramo, fueron más o menos pitados de salida y más o menos bien evaluados por un público sorprendido, que no fue a ver a la plaza lo que vio y, a mi modo de ver, no valoró la torería, entrega y hasta grandeza con que matadores y cuadrillas hicieron frente a la tarde. Lo digo sin afán crítico, pero sí desconcertado. Personalmente, me llegó más la actitud y solvencia de los toreros.
Torería: La subjetividad es inevitable y uno está condenado a decir lo que piensa. Uceda Leal estuvo en maestro, porque no se arredró ni un instante con su primero. Un toro para bregar en los dos primeros tercios, aliñarlo brevemente y matarlo. Si lo probó por los dos pitones sin cuento fue para que el tendido se diera cuenta. El toro anunció de qué iría la tarde.
El cuarto, fuerte y encrespado, era un hijo de puta. Pero el maestro de Usera se empleó más de lo que debía. Era el último toro de una feria en actuaba en una sola corrida. Se jugó el tipo sin venderlo, porque la pena no es un recurso para los grandes toreros. Es una lástima que un torero tan bueno toree tan poco. Lo mató, como a su primero, de una buena media estocada.. Pero hoy nadie valora la media porque nadie ve la ejecución.
Suerte: Pablo Aguado ha sorteado seis toros en Madrid, pero ninguno ha embestido. ¿Mala suerte?¿Hace falta ser buen torero para triunfar en Madrid? Desde hace unas décadas, más que valía un torero debe tener suerte. Las Ventas es una plaza que reseña el toro si tiene los cuernos muy grandes y si admite de 50 a 100 kilos más de lo que correspondería a su peso natural, incluso ya rematado para su lidia. En consecuencia, los toreros vienen a triunfar y a jugar a la lotería. Aguado se hizo con seis “décimos”, pero ninguno tuvo premio. Lo de ser buen torero empieza a ser secundario.
Grandeza: A Clemente le he visto torear fuera de Madrid. Es un super clase. Así, como suena. Pero también le he visto en Madrid el día de su confirmación. Y entonces ví a un torero valiente, con pundonor, que se jugó el tipo con dos toros que olían a cloroformo. Cuando este año le vi anunciado con una de Juan Pedro Domecq pensé que la empresa le había hecho justicia. Pero visto el juego de los toros, retiro lo dicho. Seos cabrones son demasiados cabrones. Dicen que los seis pertenecían a la ganadería de Parladé, que Juan Pedro tenía en Portugal. Pero eso es decir poco, porque aquellos salían bravos y encastados. Y estos tenían genio, es decir la agresividad defensiva de la mansedumbre, no la agresividad ofensiva de a casta, a la que se puede torear. Sucedió entonces que el torerobordelés, quien además de ser un buen torero, torea con arte, se dijo, “si esto es lo que hay, toreémoslo”, se puso a torear y atravesó la raya, ese paso decisivo que adentra en el abismo, un territorio fuera de la ley, en el que la razón no basta, donde contra toda lógica puede se puede ganar. Clemente ganó y perdió. Ganó porque impuso con raza su toreo noble, clásico pero de trazo personal, y perdió porque lo cogió y no le dejó terminar su emocionante y bella faena. Terminó en la enfermería con el hueso húmero partido y sin conseguir los trofeos que se estaba mereciendo. Si alguien se merece repetir en la Feria de Otoño, bien colocado, es este francés, que sabe torear y suma valor y arte.
¿Y que decir de la corrida torista de Juan Pedro Domecq? Pues que de movió con peligro. O sea, no con esa movilidad deparada por la bravura, sino la vivacidad que da la buena crianza y el buen manejo de unas reses agresivas pero no bravas. Derrocharon genio mansurrón, no casta brava.
LasVentas, 6 de junio
De repente, un cachondeo
Son cosas que pasan en Las Ventas. La broma de que se confunda movilidad con embestida, porque una cosa es moverse fuera de la suerte y otra perseguir el engaño.
El día 6 vimos 6 “victorinos” de preciosa estampa, en gran forma física y mucha movilidad. De ellos, 5 fueron mansos agresivos y uno muy bravo. A este, el valenciano Román le hizo una animoso y buena faena. Lo mató de un sensacional volapié y le dieron 2 orejas. Lo justo hubiera sido una, pero era sábado, público de fin de semana y, por lo visto, también el presidente de la corrida.
Las Ventas, 7 de junio
Un error de cálculo
Que Borja Jiménez es un buen torero, no lo duda nadie. Tampoco que si matara a los toros estaría arriba, con fuerza en la primera fila. Ahora lo está, pero sin la fuerza que merecería si tuviera espada. Él, y su apoderado, Julián Guerra debían de creer que ya la tenía. Pero no es así. Verle perfilarse con la espada en paralelo al lomo era exasperante, verle ahora apuntando al cielo provoca la misma exasperación. En la tarde del sábado pod.ría haber cortado 3 o 4 orejas en Madrid, al 3º,4ºy 5º toros. Pero esto no sucedióporque marró con el estoque. Para encerrarse con seis toros en Madrid hay que tener todos los ases en la mano. Y a Borja, el de espadas no le sale nunca. Tiempo habrá. Borja Jiménez es un buen torero, no lo duda nadie.