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EDITORIAL – La México, ¿Hasta nunca o hasta pronto?

La México, ¿Hasta nunca o hasta pronto?

He leído un magnífico artículo de Carlos Ruiz Villasuso en su portal “Mundotoro”, en el que reflexionaba, 24 horas antes de la sentencia, sobre la ya confirmada prohibición de las corridas de toros en la ciudad de México, reflexión que recomiendo leer porque de su melancolía puede brotar la respuesta que la milenaria tauromaquia nos exige a quienes la heredamos sin tener que luchar por ella.   

También nos habíamos hecho eco en “Entretoros” de que dicho cierre supone la pérdida de la batalla más decisiva en la guerra que, bien financiada, la cultura anglosajona emprendió hace décadas contra la tauromaquia. Cercada por el ejercito enemigo la Santa María de Bogotá, inestable la paz taurina en el resto de Colombia, vencida la Plaza Quito, bajo un precario alto el fuego la tricentenaria plaza de Acho, perdidas en la bruma de la historia las de La Habana, Montevideo, Rio de Janeiro y Mar del Plata, clausurada en España la plaza de Barcelona, el coso más activo y universal del siglo XX, la caída de uno de los cuatro bastiones del planeta de los toros, el monumental coso de Insurgentes, es el principio del fin. 

Y el desmoralizado y desarmado aficionado a los toros se pregunta por qué la tauromaquia no ha sabido defenderse contra el falso animalismo y el ecologismo hipócrita. Y la pregunta tiene una sola respuesta: Es la incultura, la propia y la del enemigo.

Estos son los valores no esgrimidos de la tauromaquia:- Frente al urbano animalismo antianimal, el ecosistema paradigmático del toro de lidia.- Frente a la mínima esperanza de vida de todos los bovinos, la vida del toro bravo que cumple todas las edades del toro (añojo, becerro, eral, novillo y toro), y las vidas más largas del semental y la vaca de vientre.- Frente a la manipulación nutritiva del toro en explotación intensiva para el abasto, que alcanza casi mil kilos al año de vida, los casi 150 que pesa el bravo a  la misma edad. – Frente a las explotaciones intensivas del ganado de engorde que a veces llegan a mil cabezas por hectárea, la ganadería de bravo, con 1,6 cabezas por hectárea.- Frente al bovino de abasto que muere maniatado, sedado, atenazado por el estrés y en serie, la muerte individual del toro en lucha, paliado su estrés y bloqueado su dolor. (investigaciones biológicas lo han demostrado científicamente).- Frente al mil millonario número de reses muertas cruelmente y sumidas en la impotencia en los sacrificios religiosos, contra los que los animalistas no rechistan, su paradójico ataque a la lidia: un reducido número de reses sacrificadas incruentamente en los ruedos.- Frente al conservacionismo de un hábitat acorde con la estructura biológica del animal, el único asegurado por las corridas desde el siglo XVIII, su abolición encaminaría el toro bravo a su rápida extinción y a la probable desaparición de cientosde miles de hectáreas de dehesa. – Frente a las contaminantes explotaciones intensivas de bovino, las dehesas de bravo, auténticos pulmones de oxígeno. – Frente al bovino sin identidad inidividual, lo que es inherente a la identidad genérica de los animales, el toro con nombre propio (heredado por línea matrilineal), familia datada (la reata) y tribu reconocida (la ganadería), consigue su identidad diferenciada por la lidia.- Frente a la tortura, que exige la inmovilización de la víctima ante la agresión impune del victimario, el ataque agresivo del toro en lucha aceptado por el hombre si lo quiere torear.- Frente a la crueldad de la tortura, la situación “toro agresivo=hombre en peligro”, rigurosamente reglada por la lidia, que forja en el coro taurino una inquebrantable solidaridad de la especie humana con su semejante en peligro.- Frente  a la depredación anual y milmillonaria del bovino para comer, el sacrificio anual del 6’7 por ciento de las reses bravas de cada ganadería para su mantenimiento anual. Reses para torear y para comer (el toro de lidia también se come).- Frente a la extinción del bovino agresivo en todo el mundo por su difícil y peligroso pastoreo, la conservación del agresivo toreo ibérico porque a los españoles, portugueses, franceses del sur y latinoamericanos les gusta torear.- Frente a la pobreza genética de los bovinos mansos, la rica variabilidad genética del toro de lidia, el único cuyo genoma concide en parte con el del uro fundacional.

Los argumentos son más, muchísimos más. En su día los censamos y sustematizamos el veterinario Julio Fernández Sanz, gran experto en el toro de lidia, y yo, pero no procede extenderse más en estas líneas. Tampoco ha lugar a exponer los valores culturales de la corrida de toros como arte escénico, la creación del lenguaje visual del toreo, con sus términos (suertes), su sintáxis y su semántica, las concomitancias entre el coro trágico y el taurino, las claves etológicas de la lidia en sus tres tercios,la identidad estructural entre los legendarios caballeros andantes de los libros de caballerías y los reales toreros nómadas y sus cuadrillas, la conversión de un juego cinegético inmemorial en un arte narrativo moderno, y la fusión de un mito milenario en método etológico, ético y estético, cuya génesis dio comienzo en el siglo de la Ilustración y cuyo recorrido evolutivo continúa desarrollándose.

Sinceramente, no entiendo que, disponiendo de argumentos inapelables frente al vacío sentimentaloide, anti ecológico y contrario a la conservación de un bovino excepcional, con diferencias fisiológicas, endocrinas y anatómicas que lo engrandecen frente al resto de los bovinos, nuestros parientes mexicanos no hayan sabidoplantear a la sociedad el enorme caudal de argumentos que legitiman las corridas de toros, ni exponerlos en los tribunales y en el Parlamento.  Si con el cierre de La México hemos perdido una gran batalla, ahora les conmino a que nos unamos para recuperarla y ganar la guerra.

José Carlos Arévalo

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