Contacta con nosotros

EntreToros

LA SEMANA TAURINA – Amanece que no es poco

Los pasados días nos ofrecieron la noche más oscura, la muerte de Jaime Ostos en Bogotá, y un nuevo amanecer, el debut americano de Tomás Rufo, un presente que mira al futuro, más un anticipo de ese futuro encarnado por Marcos, un becerrista que parece un matador consumado.

Una necrológica antipática

De Jaime Ostos me acuerdo poco. Quizá porque en sus comienzos yo me fijaba en otro ecijano, Bartolomé Jiménez Torres, torero excepcional que no llegó a nada y cuya desaparición me reveló cómo la llamada selección natural de la Fiesta, cuyo sistema consiste en despeñar vocaciones por un quítame allá esas pajas, toreros con mucho que decir, se autodestruye. A Jaime Ostos le fue mejor que a su competidor inicial. El valor manda en el presente del torero y éste se impone con justicia, pero pierde fuerza en el futuro, porque si el valor, la gallardía y la entrega no se convierten en estilo, su memoria se desvanece. Del valiente ecijano recuerdo una tarde clamorosa en el San Isidro del 63, un estoconazo en Bilbao y la noticia de su tremenda cogida en Tarazona. Estoy seguro de que Ostos fue mucho más de lo que apunto. En mi descargo he de decir que yo entonces era muy joven, veía menos toros de los que quería y además yo siempre fui de Jiménez Torres.

Cara y cruz de una reflexión

La cara: Tomás Rufo, ya matador de toros, y Marcos, todavía becerrista, anuncian que la tauromaquia está viva y se renueva. Que en este tiempo raro, con un gran elenco de toreros y una fiesta mediáticamente silenciada, el hilo del toreo sigue fluyendo.

La cruz: En tiempos pasados, estos dos toreros, el joven y el adolescente, tendrían a toda España expectante. En el presente, para la sociedad española son dos nombres anónimos: no los concoce nadie. Solo interesan a los aficionados (el 20 por ciento de los espectadores que van a las plazas), los que se han refugiado en el gran gueto de Internet. Por eso, el término taurino “torero novedad” ha dejado de emplearse.

Teoría y realidad de la Feria de Fallas

Primero la de Fallas fue una feria corta, casi invernal, y la gran feria de Valencia era la de Julio. El clima y el ocio invirtieron las cosas. En marzo, la gente iba más a los toros y en julio se fue a la playa. Entonces, los Camará, a la sazón empresarios de la plaza, dotaron a Fallas de un nuevo interés: convocar a los toreros más importantes para ver con qué talante venían a la temporada. Esto le dió a la primera feria de Valencia una especial intriga, después roto por localismos autonómicos (poner toreros de la tierra que no interesan ni a sus paisanos) y por una gestión muy conservadora (intercalar festejos de carteles baratos y caros al mismo precio). Finalmente, la pendemia lo suspendió todo. Y ahora Plaza Uno propone a los valencianos y a toda la afición una buena feria, con carteles rematados, una novillada sin picadores que carece de sentido en una plaza de primera y dos ausencias lamentables, las de Talavante y Ginés Marín.

Advertisement

Copyright © 2021 - EntreToros | Prohibida la reproducción y utilización total o parcial, por cualquier medio, sin autorización expresa por escrito.