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Cultura

ACTUALIDAD – JUAN ORTEGA EN SAINT-SEVER

por Antonio Arévalo  Fotos : Bruno Lasnier

El torero sevillano, líder del escalafón en estos momentos y figura indiscutible en España, no lo es tanto en Francia. Recuerdo que lo ví hace ya años en este país, en el 2010, cuando se presentó en el bolsín de Bougue de novillero sin caballos y se lo llevó de calle. Me encantó la cadencia de su toreo, su concepto, aunque obviamente no tuviese la magia que atesora hoy. Le hice aquél día probablemente una de sus primeras entrevistas, para la revista « 6Toros6 ». 

Como muchos, me ha subyugado su toreo pero curiosamente en Francia nunca ha tenido un triunfo rotundo. Comparecía en Saint-Sever en la que es, a priori, su única cita en el suroeste francés. De este otro lado de los Pirineos creo que somos pocos los aficionados en apostar por él. Entre ellos el empresario de la plaza de Saint-Sever, Michel Bertrand, al que Juan Ortega agradeció su confianza desde su etapa novilleril, en un emotivo brindis. 

En Saint-Sever triunfó, un triunfo extraño, pero triunfó. Extraño por las circunstancias, le cortó las dos orejas al quinto toro de El Pilar bajo el diluvio, truenos y rayos en el cielo, un tremendo vendaval que arrancó la inmensa lona detrás de los tendidos de sombra bajo la que se protegieron los escasos espectadores que se quedaron en los tendidos. Faena épica, con el ruedo hecho un barrizal, con inevitables enganchones por las ráfagas de viento, faena evidentemente sin continuidad y ligazón, donde se premió sobre todo la actitud heroica del torero. Tras pinchar, mató al toro de una estocada de tal entrega que el astado le rasgó el vestido a la altura de la ingle. 

Fue en el segundo de la tarde cuando nos llegó de verdad. Ya anunció el color con la variedad fluida y exquisita de su capote. En el inicio de su trasteo de muleta, me equivoqué como aficionado. Me dió la impresión de que forzaba el trazo en su anhelo de llegar al arte. Pero no fue así, porque la belleza hay que ir a buscarla para que brote. Hubo muletazos de antología, puro deleite. La faena no fue redonda porque al noble toro de El Pilar le faltó fuelle, transmisión. La puso Juan Ortega, con su toreo, por momentos, de ensueño. Lo pinchó reiteradas veces, pero eso es lo de menos, el sevillano ha vuelto a encender en Francia la llama de los que creemos en él


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