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Editorial

EDITORIAL – Atención a México:

¿Maltrato animal en la Lidia?

por José Carlos Arévalo

1. Ahora que se han autorizado las corridas en la Plaza México -provisionalmente-, el nudo gordiano que deben romper taurinos y aficionados es el no aclarado -hasta hoy-maltrato animal en la lidia, ardua cuestión que los jueces mexicanos van a resolver el próximo 5 de enero y que los taurinos españoles -algunos- tenemos clara porque los científicos implicados en la investigación del toro bravo han descubierto cómo funcionan sus procesos neurohormonales durante la lidia. 

2. Nos revelan los científicos -el biólogo Fernando Gil Cabrera y el veterinario experto en el toro de lidia Julio Fernández Sanz- que el singular sistema neuroendocrino del bovino bravo es de una eficacia sin parangón en la fauna. Dicho mecanismo hormonal se pone en marcha a raíz de la primera punción que recibe el toro antes de salir al ruedo por el arpón de la divisa. Ese pinchazo en su piel genera una múltiple reacción de neurotransmisores que actúa sobre el lugar donde se ha producido la incisión con el resultado de paliar su estrés y auspiciar su desenvoltura en el marco desconocido al que acaba de acceder (1).  En efecto, es en la piel, no en el músculo, donde se activa el proceso adaptativo del toro a la lidia (2). Por ejemplo, en la suerte de varas, la acción del cortisol, que estimula su agresividad, y su alto nivel de dopamina, que lo envalentona y desinhibe, se conjugan con la acción de una poderosa betaendorfina, que neutraliza el dolor  provocado por el puyazo con una fuerza doscientas veces superior a la morfina. Este mecanismo neuronal explica por qué la bravura se reactiva desde el primer puyazo sin que el dolor, rápidamente neutralizado, disuada sus siguientes embestidas. Es cierto que el toro se atempera en el primer tercio, pero no por la acción de la puya bien colocada, sino por el enorme gasto energético que hace cuando empuja al caballo (3). Y también por embestir con la cara humillada a los capotes, lo que dificulta su sistema respiratorio. Son, pues, estos tres condicionantes los que estimulan la bravura, neutralizan el dolor y atemperan la embestida del toro bravo. 

3. Además, dado que la lidia es un método de gran perspicacia etológica al servicio del toreo, el siguiente tercio devuelve al toro su equilibrio energético al hacerle galopar con la cara alta, lo que le permite recuperarse al respirar, oxigenar su sangre, revitalizar su fuerza muscular, mientras que sus embestidas al capote del bregador se vuelven a atemperar, a la par que el matador evalúa como se prestarán a la muleta. “Avivadoras” llaman con acierto los toreros a las banderillas, útiles del toreo que, como la puya, no castigan al toro sino que modulan su natural comportamiento agresivo para que cumpla los cuatro estados que el toreo le exige: levantado de salida, atemperado después de la suerte de varas, equilibrado tras el tercio de banderillas y presto a embestir sin rémora física alguna en la muleta. Se puede afirmar que el toro llega al último tercio con su dolor bloqueado, su estrés muy paliado y sus pupilas normalizadas, en un estado que podríamos calificar de bienestar en la lucha. Sin conocer el proceso endocrino que la ciencia nos acaba de revelar, de hecho esto ya lo sabía el aficionado. Y por eso sentenciaba: “El toro bravo  no se duele al castigo”.

4. Por supuesto, la lidia es así cuando se ha picado, banderilleado y toreado al toro como mandan los cánones. Cánones no estancos ni dogmáticos, sino los que con flexibilidad se adecúan al comportamiento diferente de cada burel. Para que siempre o casi siempre sea así, la investigación científica y el utillaje taurino de vanguardia han creado los nuevos útiles innovados del toreo. Todos, desde la divisa a la puntilla. Puyas que pican y atemperan hasta el toro más renuente y poderoso, estribo derecho del picador forrado con keplar para evitar lesiones oculares y óseas en la frente del toro, banderillas que cumplen su objetivo avivador y no hieren la mano del matador cuando toca pelo, espada que propicia la muerte fulminante, descabello y puntilla certeros por su exacta adecuación a la estructura ósea de la nuca del toro. Todos ellos, útiles diseñados a partir de un conocimiento científico del organismo del bovino bravo, ese animal distinto a todos los bovinos, poseedor de una doble circulación coronaria,  -una especie de bypas que lo salva del infarto- dotado un gran cortex cerebral que le  permite una desenvoltura impropia en los toros domésticos, singularizado por una amígdala cerebral pequeña, la propia de todo mamífero agresivo, y portador de una variabilidad genética superior a la de todas las razas bovinas juntas. En efecto, el toro es el prototipo paradigmático de la especie bovina, protegido por el ganadero de bravo desde tiempo inmemorial y conservado por la corrida. Sin la sostenibilidad que esta aporta a su ecosistema, el rey de los bovinos se vería condenado a la extinción.   

5. Evidentemente, para el aficionado del siglo XXI, debidamente informado por la ciencia, los útiles del toreo no castigan (4), sino que otorgan al toro de lidia, el bovino que hasta hoy había guardado el secreto de su agresividad, los recursos estimulantes y paliativos  de su bravura, incentivados por la acción de los útiles del toreo (5). ¿Maltrato animal? Para el antitaurino animalista, la cuestión no admite duda. Si al toro se le pica, banderillea y mata a estoque, hay maltrato. Mas para su desgracia, la ciencia lo desmiente. Y la demostración científica es inapelable. Los útiles del toreo no castigan, incentivan su bravura y actúan como paliativos del dolor y reguladores del estrés. Cuando la sabiduría popular sentenciaba que el toro bravo  no sufre, pues en caso contrario huiría en vez de embestir, tenía toda la razón. La ciencia se la ha dado.  

Y 6. Lamentablemente, estas líneas son una apresurada síntesis divulgativa e incompleta, sin el peso argumentativo con que los científicos analizan los múltiples procesos orgánicos operados en el toro durante su lidia. Por tanto, sería aconsejable que  en el proceso judicial previsto para el próximo día 5 de enero, en el que el Tribunal Constitucional de México decidirá sobre el posible maltrato animal en la corrida de toros, los defensores de la causa taurina contaran con la documentación completa de las mencionadas investigaciones llevadas a cabo en la segunda década del presente siglo. Es más, sería pertinente que sus autores pudieran argumentarlos ante la Suprema Corte. El futuro de la tauromaquia se juega hoy en México. De alguna manera influirá en  España, y su veredicto podría sentar jurisprudencia.    

* La próxima entrega versará sobre “la muerte noble” del toro en el ruedo y “la muerte seriada” en los mataderos industriales. 

(1) En la Comunidad Valenciana, los defensores de la tauromaquia incruenta consiguieron que el velcro sustituyera al arpón en los toros jugados por la calle. Resultado: la supuesta divisa indolora impidió el proceso neuroendocrino y los toros se pararon, sufrieron convulsiones y alguno murió infartado. Obviamente, se repuso la divisa con arpón .

(2) Tuve la oportunidad de presenciar la cura de un semental aprobado en el campo (ganadería de Baltasar Ibán). Cuando el veterinario introducía su mano en la herida provocada por la puya al toro inmovilizado, este permanecía indiferente, con la mirada fija. Pero al estirar con pinzas la piel de su herida. este se encabritó al punto de desestabilizar el mueco de curas. Esta reacción sería decisiva para la reforma de la puya actual y daría lugar al diseño de la puya innovada.

(3) Decisiva constatación: divisa, puya y banderillas no castigan al toro, incentivan su proceso neuroendocrino. No son, pues, hierros agresivos sino útiles paliativos. El gasto energético del toro en la suerte de varas ha sido medido rigurosamente por el veterinario Francisco Hernández y el primer derrote puede alcanzar los 5 mil “julios”, lo que equivale a la energía desplegada por un automóvil puesto en marcha de cero a cien en tres segundos. 

(4) Los útiles del toreo son una herramienta etológica que incentiva el conocimiento de los diferentes comportamientos de la bravura. La aplicación reglamentada de los útiles innovados en el taller de vanguardia, dirigido por el ex matador de toros Manuel Sales, se hace imperativa si se quiere optar a una lidia mas brillante y a volver a conectar la lidia con la sensibilidad de los espectadores del presente. Esta dinámica reformista ha sido una constante evolutiva de las corridas de toros que se ha interrumpido en los últimos veinticinco años. 

(5) El maltrato animal tiene un objetivo: infligir dolor. Muy otro es el de los útiles de la lidia: permitir que el toro desarrolle su bravura mediante la superación del dolor y la amortiguación de su estrés.

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